Cuando Napoleón quiso establecer su propio imperio, necesitaba una imagen que lo desvinculara de la monarquía borbónica (que usaba la flor de lis) pero que al mismo tiempo transmitiera tradición y legitimidad.
Durante unas excavaciones en Tournai, se hallaron en la tumba del rey merovingio Childerico I unas 30 abejas de oro.
Los merovingios fueron considerados los primeros reyes de Francia.


Napoleón vio en la abeja una conexión directa con la Francia antigua.
Era un símbolo de trabajo, organización y perseverancia.
También se asociaba con inmortalidad y resurrección
Por eso decidió adoptar la abeja como emblema imperial, reemplazando a la flor de lis.

